El estilo del periodista by Álex Grijelmo

El estilo del periodista by Álex Grijelmo

autor:Álex Grijelmo [Grijelmo, Álex]
La lengua: spa
Format: epub
editor: Taurus
publicado: 2014-03-04T23:00:00+00:00


«El tío estaba por toda la calle y tuve que hacer algunas maniobras bruscas antes de atropellarle». Descifrar las declaraciones de algunos automovilistas involucrados en un accidente de tráfico obliga muchas veces a los jueces a efectuar verdaderos ejercicios de interpretación. [...]. «Estaba convencido de que el vejete», explicaba un conductor, «no llegaría nunca al otro lado de la calzada cuando le atropellé». Algunos automovilistas, guiados por un irrefrenable ánimo de autoexculpación, como el anterior y el siguiente, pierden por completo la objetividad a la hora de describir el siniestro. «El peatón no sabía en qué dirección correr, así que le pasé por encima». En el siguiente caso, el declarante deja entrever que el peatón no le dio otra opción que arrollarle: «El peatón chocó contra mi coche y se metió debajo».

Otros conductores revelan que atropellaron al peatón para evitar un mal mayor: «Para evitar chocar con el parachoques del coche de delante», narra el presunto infractor, «atropellé al peatón».

Algunos no encuentran una explicación racional al suceso y se amparan ante el juez en fenómenos paranormales. Como el siguiente: «Un coche invisible que salió de la nada me dio un golpe y desapareció». «Llevaba», dice otro en su declaración, «40 años conduciendo cuando me dormí al volante».

[...] Los hay también que les cuesta comprender qué pasó exactamente. Cuenta uno: «Volviendo al hogar me metí en la casa que no es y choqué contra el árbol que no tengo».

En un caso, el automovilista inmiscuye a la madre de su esposa, que le acompañaba en el viaje, en el accidente: «Saqué el coche del arcén, miré a mi suegra y me fui de cabeza al terraplén».

[...] Según otro afectado, fue también un poste de teléfonos la causa de su siniestro: «El poste se estaba acercando y, cuando maniobré para salirme de su camino, choqué de frente».

No faltan tampoco los relatos en que los automovilistas dicen haber sido víctimas del otro vehículo. «Choqué contra un camión estacionado que venía en dirección contraria». [...].

«Le dije al policía que no estaba herido, pero cuando me quité el sombrero», evoca un afectado, «descubrí que tenía fractura de cráneo».

Otro conductor da por sentada la involuntariedad que precedió al siniestro: «Mi coche estaba correctamente aparcado cuando, retrocediendo, le dio al otro coche».

Más casos: «Creí que el cristal de la ventanilla estaba bajado, pero me di cuenta de que estaba subido cuando saqué la cabeza a través de ella».

Hay también declarantes que recuerdan el aspecto del, según ellos, responsable del suceso: «La causa indirecta del accidente fue un tipo bajito en un coche pequeño, con una boca muy grande». Otro describe con precisión el sufrimiento de la víctima: «Vi una cara triste moviéndose lentamente cuando el señor mayor rebotó en el techo de mi coche».

Uno de los relatos sobre accidentes que más carcajadas ha despertado entre abogados y empleados de algunas compañías de seguros de Madrid es el siguiente:

Sucedió que un automovilista detuvo el coche en el arcén, y, apremiado por sus necesidades fisiológicas, se ocultó en unos arbustos muy próximos a la vía.



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